¿Dónde está el virus?

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En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Juan 17,20-26

Estamos viviendo en el mundo el pánico provocado por el Covid-19, que se extendió de tal manera que ha llegado a ser una Pandemia, y hablamos de muertes, de contaminados, de protegerse, de tomar medidas, entramos en pánico y cuántos miedos nos rodean… es el tiempo oportuno para preguntarnos si dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestra mente, de nuestro corazón nos habita un virus, el virus del egoísmo, de la indiferencia, de acoger al hermano, del bienestar personal, del maltrato a la creación, del miedo a lo diferente… es evidente que este virus no nos causa pánico, es posible que ni nos demos cuenta que habita silencioso en nuestro interior, que nos carcome el corazón.

Jesús sí conoce bien nuestro interior, sabe de nuestras pobrezas, conoce nuestras fragilidades, nuestro individualismo…. y hoy, en este evangelio lo encontramos muy interesado orando por nosotros con profunda confianza al Padre para que seamos uno. Pero además ora con insistencia, repetidas veces lo hace porque tiene confianza en que no le vamos a defraudar. En esta oración Jesús se visualiza entrelazado con el Padre y con nosotros y también nos visualiza a nosotros entrelazados con todos con Él y con el Padre. 

¿Cuál es mi respuesta a esta confianza de Jesús? ¿Me siento comprometido en construir unidad? ¿Con qué acciones concretas lo estoy haciendo?

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