A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

LOGO-LECTURAS
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Juan 1, 1-18

Por un lado dice: “A Dios nadie lo ha visto jamás”, por otro lado certifica “Hemos visto su gloria”.

“Hemos visto”, con sus ojos, los de su cara. ¿Qué han visto? “Su gloria” ¿Cómo, dónde han visto su gloria? En su “carne”.

Son muy perspicaces. No es nada fácil ver “su gloria” en la “carne”. Veían a Jesús de Nazaret, el hijo de José. Veían a una persona. “¿La “gloria del Verbo”? No, la mayoría “no la conoció”.

No es fácil ver la gloria de Dios en mi matrimonio, no es sencillo contemplarla en mi comunidad, no es nada simple verla en la carne.

Pero no hay otro modo que no sea “por medio de Jesucristo”, porque “a Dios nadie lo ha visto jamás” (a pesar de algunas personas que pretenden tener enchufe, contacto directo: no, “nadie” es nadie).

Pues los autores de este prólogo del evangelio de Juan, sí han sido capaces de contemplar en “su” carne, “su” gloria. Hay un camino. Hay un modo. Ésa es la manera. Ése es el modo.

¿Cómo? Si en la carne se puede contemplar su gloria, y yo no la veo, es mi mirada la que tiene que aprender a enfocar. Es en mi mirada donde está el problema. Mi mirada está formando parte de “los suyos” que “no le recibieron”.

Soy consciente de que depende cómo miro la “carne” de alguien para descubrir en esa persona cualquier cosa que me desagrada, o para justificarle lo que no tiene excusa (como abuela con su nieto).

Quiero entrenar mi mirada para ver como ellos, para “contemplar su gloria” en la “carne” de los que me rodean. Y voy a empezar por una persona en concreto, la más significativa para mí en este momento. Ese va a ser hoy mi ejercicio de Navidad: estar atento a cómo miro, ir educándome en una mirada contemplativa, hasta descubrir “su gloria”, la del Hijo Único del Padre, lleno de “gracia y verdad”.

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter