A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

LOGO-LECTURAS
El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Juan 20,2-8

Para creer hay que ver pero no basta con ello, hay que comprender. Cuantas veces vemos, pero no comprendemos, es como si soñáramos. Juan vio, comprendió y creyó. Este creer no es mental, es experiencial. Sólo desde la vivencia, desde la experiencia podemos vislumbrar a Dios, dejándonos llenar de silencio.

Cuantas veces nos perdemos por querer hacer, querer rendir… Y nos olvidamos de Ser y sólo desde este lugar, solo desde lo más profundo podemos llenarnos de amor, de alegría, de gozo y transmitirlo con una simple mirada, con una palabra o con un abrazo. Nuestra sola presencia es testigo de lo que somos, reflejo de Dios.

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter