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En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Jn. 19, 25-27

Contemplar la Cruz es ver la síntesis de una vida entregada, hasta el extremo. Sin embargo, aún le queda algo, su voz que se deja oír: “Mujer ahí tienes a tu Hijo”, “Ahí tienes a tu Madre”; Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Él lo había dicho “No teman a los que matan el cuerpo, teman a los que matan el Espíritu”. El dinamismo espiritual, permanece en cualquier circunstancia que tengamos que enfrentar. Este tiempo de Pandemia es tiempo de hacer un escáner del corazón y revisar qué es lo que más valoramos durante nuestro paso temporal por la tierra., un tiempo para despertar del modo artificial que hemos vivido. Tal vez no estábamos viviendo, deambulábamos por el mundo, simplemente dando tumbos de día en día. No teníamos tiempo de abrazar, de amar, de disfrutar una conversación, una comida conectándonos con otros seres. Alimentar el Espíritu una tarea indispensable de nuestro SER. 

¿Estaremos viviendo en realidad? ¿Cómo cuido la vida en el Espíritu?

 

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