A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Lucas 14,12-14

Ayer Zaqueo banqueteó con Jesús, sin esperar de Él otra cosa que su amor incondicional y su perdón. Compartir la mesa con Jesús le cambió la vida entera.

Hoy Jesús nos llama a compartir la mesa de nuestra vida con aquellos que son presencia suya a nuestro lado. Esto es la Eucaristía: partir el pan y compartir la vida en el mundo. 

Que sepamos acercarnos al que sufre, al que se siente solo, al triste, al pobre… que lo hagamos con reverencia, como el que se acerca al altar para tomar el Pan de Vida. Sólo así, viviendo del Amor y dando amor, seremos Eucaristía viviente y acción de gracias verdadera.

¿Soy consciente de la presencia de Cristo en los pobres y los que pasan necesidad? ¿Le adoro en el servicio, sabiendo que se hace presente en mis hermanos como sacramento de Vida? ¿Sé acoger, como Zaqueo, la presencia del Señor en la mesa de mi vida?

Jesús, que te sepa descubrir presente en los que me rodean. Que sepa desprenderme de todo aquello que me impide darte cobijo. Que no tema darte mi vida entera, porque sólo así podré gustar ya en este mundo la felicidad que espero encontrar plenamente cuando me invites a la mesa de tu Reino. Amén.

 

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