A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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“En aquel tiempo fue Jesús desde Galilea al Jordán, y se presentó a Juan para ser bautizado. Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos todo lo que Dios quiere. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua, y he aquí que los cielos se abrieron, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y se oyó una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto"

Mateo 3,13-17

Jesús, desde Nazareth, donde había pasado los primeros años de su vida, se dirige al río Jordán. Como buen israelita está atento a los movimientos religiosos que surgen en su pueblo. 

Con su presencia aprueba la obra de Juan Bautista y decide recibir el Bautismo que él imparte, para unirse y compartir las esperanzas y expectativas de todos los hombres y mujeres de su tiempo. No son ellos los que van hacia Él, sino que es Él, el que se aproxima, se hace próximo, prójimo, según la lógica de la encarnación. 

Hondo diálogo: dice el Bautista: “yo necesito ser bautizado por ti y ¿tú vienes a mí?”. Juan Bautista sabe muy bien cuál es su lugar “no soy digno ni de desatarle las sandalias… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego…”

Sólo cuando Jesús le habla del querer de Dios, Juan accede y le bautiza y es en ese momento que sucede la teofanía, es decir la manifestación del Padre, al Hijo amado, al que unge con el Espíritu para la Misión que viene a realizar en la historia. Una historia que el hombre había convertido en un caos. 

Se reabren “los cielos” que han estado cerrados durante tanto tiempo a causa del pecado de la humanidad y la tierra queda transformada en un cosmos.

Hoy es un buen día para recordar y reavivar nuestro Bautismo. Es la revelación en nosotros del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu, por este amor Trinitario, entramos en la plenitud de la vida de Dios para formar parte de la Iglesia. Somos llamados a vivir un nuevo estilo de vida, el de Jesús que “pasó haciendo el bien”. ¡Qué así sea!

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