¡Fe y Vida!

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No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán aquel Día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí, apartaos de mí, agentes de iniquidad! Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina. Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente se asombraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

Mt 7, 21-29

Hemos llegado al epílogo del Sermón de la Montaña, el largo discurso que comenzó en el capítulo 5. Es un texto muy rico, como lo ha sido todo el Sermón y que ahora de un modo sintético trata de despertarnos de nuestro letargo.

Pone de relieve algunas contradicciones que siguen presentes entre nosotros: 

Personas que hablan continuamente de Dios, pero se olvidan de hacer su voluntad; usan el nombre de Jesús, pero no traducen en la vida su relación con el Señor y con los hermanos.

Personas que viven en la ilusión de estar trabajando por el Señor, pero en el día del encuentro definitivo con Él, descubren trágicamente que nunca le conocieron. 

Las dos parábolas de la casa construida sobre la roca y la casa construida sobre la arena, ilustran estas contradicciones. Por medio de ellas Mateo denuncia y, al mismo tiempo, trata de corregir la separación entre fe y vida, entre ser y hacer, entre enseñar y practicar.

La gente sencilla que escuchaba estas palabras de Jesús se asombraba de su enseñanza porque hablaba con autoridad, la autoridad que le venía de su coherencia de vida. No así los Escribas y fariseos que exigían a los demás lo que ellos no daban…

Al hilo de esta Palabra me puedo hacer unas preguntas y confrontar mí vida

¿Hablo de Dios y me olvido de hacer su voluntad en lo cotidiano? ¿Utilizo el nombre de Jesús y luego no se traduce en vida, mi relación con Él y los hermanos? ¿En mi actuar diario uno fe y vida; ser y hacer; enseñar y practicar? ¿Qué sustenta mi vida: la roca que es Cristo o las arenas movedizas?

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