HOY ESTARÁS CONMIGO

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En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido." Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo." Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos." Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros." Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino." Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso."

Lucas 23, 35-43

Allí ante la cruz mirando la escena de la crucifixión estaban María, María de Cleofás, María Magdalena, Juan… Miraban a los tres hombres que colgaban del madero esperando la muerte. El ladrón impenitente, el ladrón arrepentido, y el Dios-hombre. Uno quería regresar a su vida pasada de pecado, otro quería avanzar a otro tipo de vida. Y Jesús les ofrece vida, una nueva vida, no la vida pasada llena de pecado nuevamente. Hoy estarás conmigo en el paraíso. Alguien escuchó estas palabras, quizás María y las mujeres ante la cruz, quizás los soldados, algunos dudosos, otros maravillados de lo que oían. Hasta el final de su vida Jesús sigue comprometido con el Reino de Dios.

Dos brazos extendidos en la cruz, buscando poder perdonar, ofreciendo una promesa de vida eterna hasta el último momento. Un mensaje de misericordia hasta el final. Misericordia para aquellos que nadie quería excepto en el corredor de la muerte, en la cárcel, en los hospitales, solos en las calles, aquellos con enfermedades contagiosas, abandonados y constantemente condenados. Para todos ellos extiende Jesús sus brazos en la cruz. El Papa Francisco dice de este evangelio, “La gracia de Dios es siempre más grande que la oración que la busca. El Señor siempre da más de lo que se le pide. Le pides que se acuerde de ti, y el ¡te lleva a su reino!” 

Al terminar el año litúrgico y prepáranos para comenzar el nuevo año, este mensaje de misericordia, perdón, y esperanza nos anima a caminar el sendero de la fe con más entusiasmo.

Hoy estarás conmigo en el paraíso… ojalá Dios me dé la humildad y la certeza que tenía este buen ladrón.

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