IMPROVISAR O CONECTAR

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En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer." Jesús les replicó: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer." Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces." Les dijo: "Traédmelos." Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Mateo 14,13-21

La vida necesita de pausas, silencios y espacios para conectar con ese lugar más profundo dentro de nosotros mismos. Sólo así podremos redescubrir nuestra misión en este mundo. Jesús hoy también toma distancia para ahondar su llamada, no se toma las cosas a la ligera ni actúa por impulsos. Su respuesta compasiva no es improvisación del momento, sino que ha sido madurada en el silencio. Solo este ejercicio hace posible la conexión con el mundo exterior con todos sus sufrimientos, dolencias y regalos. 

Pongamos hoy en manos del Señor todos nuestros dones y dejemos que el Reino se haga presente.

En tus manos, Cecilia Rivero Borell

https://www.youtube.com/watch?v=HRtbG4AdUkw

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