A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: "¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!" Jesús le contestó: "Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: "Venid, que ya está preparado." Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor." Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor." Otro dijo: "Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir." El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: "Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos." El criado dijo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio." Entonces el amo le dijo: "Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa." Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete."

Lucas 14, 15-24

Después de oír a Jesús hablar de la parábola del banquete, alguien que estaba en la mesa con Él percibió el alcance de la enseñanza de Jesús y dice: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Los judíos comparaban el tiempo futuro del Mesías a un banquete, marcado por la hartura, la gratitud y la comunión. El hambre, la pobreza y la carestía hacían que el pueblo tuviera esperanza de cara al futuro. La esperanza de los bienes mesiánicos, comúnmente experimentada en los banquetes, se proyectaba para el final de los tiempos.

Después de invitar a los pobres, a los ciegos, a los cojos, a los lisiados, los que, normalmente eran excluidos por impuros, ahora son invitados a sentarse en torno a la mesa del banquete. El dueño de la casa manda invitar a los que andan por los caminos. Son los paganos. Ellos también son invitados a sentarse en torno a la mesa.

¿Estás dispuesto/a aceptar de buena gana la reiterada invitación de Jesús a compartir un banquete en el que todos -incluyendo a los pobres, lisiados, ciegos y cojos- deben tener su sitio? ¿brota de tu interior un sí gozoso?

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