A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.» Les impuso las manos y se marchó de allí.

Mateo 19,13-15

De niño cada vez que escuchaba este Evangelio siempre me sentía muy orgulloso y me decía a mí mismo: Jesús me prefiere a mí antes que a los mayores. Hoy, siendo ya adulto, caigo en la cuenta de que Jesús, aunque yo ya no sea un niño, sigue amándome con locura.

El evangelio de hoy nos puede ayudar a reflexionar sobre algo que está ocurriendo en nuestra sociedad. Y es que cada vez son menos las familias que le hablan de Jesús a sus hijos. Son menos los padres y las madres que acercan a sus hijos la figura de Jesús. Se está perdiendo ese primer anuncio que se hacía en el hogar, donde los niños respiraban un ambiente creyente y practicante, fiel reflejo de esa tarea y deseo de las familias de ser Iglesia doméstica. Hoy debemos dejarnos empapar por las palabras de Jesús que nos dice: “dejad que los niños se acerquen a mí”.

Es tarea de todos el que contribuyamos a que los más pequeños conozcan a Jesús y lo vean reflejado en nuestras palabras, en nuestros gestos, en nuestra forma de vivir… En definitiva, que vean que seguir a Jesús merece la pena. Dejemos que Jesús bendiga la vida de nuestros niños y hagámoslo acercándolos a su mensaje.

Puedes pensar a lo largo del día de hoy cómo ser portador del mensaje de Cristo a los pequeños que te rodean día a día.

 

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