A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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El que viene de lo alto está por encima de todos. El que viene de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Jn. 3, 31-36

Nosotros no venimos de lo alto. Somos de la tierra, pero, al creer en Él, hemos sido hechos participes de esa misma vida suya; y capacitados por el Espíritu para certificar, desde nuestra experiencia, la veracidad del amor de Dios

El Espíritu que se nos da “sin medida”, cuando con generosidad es escuchado, acogido y seguido, nos posibilita testimoniar, ya ahora, en nuestra tierra, “lo que hemos visto y oído”; porque la vida nueva que se nos da, comienza YA, aquí y ahora… podemos degustarla, experimentarla, gozarla… y la esperanza del futuro es ya realidad participada en el presente…

Testificamos de acuerdo a lo que experimentamos. ¿De qué doy testimonio con mi vida?

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