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En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?». Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Juan 6,60-69

¿También ustedes quieren marcharse? El evangelio de hoy nos hace jugárnosla en la libertad. En ningún momento Jesús nos promete una “vida color de rosas” como se dice, nunca nos dijo que seguirlo es fácil, al contrario, más de problemas nos llenamos si nuestro seguimiento es serio y comprometido. 

Jesús sabe lo que pasa en el corazón de sus discípulos por eso los interpela con esta pregunta que nos viene bien a nosotros hoy ¿también ustedes quieren marcharse? Es fuerte poder vivir el evangelio hoy pero el Papa es claro “no licuen la fe”. 

Les comparto un extracto de una homilía de Monseñor Eduardo García que leí hace un tiempito y me hizo mucho bien y me ayudó a mirar cómo voy caminando: “Tenemos la obligación y la responsabilidad de transparentar el Evangelio con claridad, con verdad y con autenticidad, sin mezclarlo, ni licuarlo ni aguarlo. Porque cuando lo licuamos no somos nosotros los que quedamos mal parados, sino que es Jesucristo aquel a quien dejamos mal. Hoy se nos exige mayor verdad, mayor radicalidad en serio. No un “más o menos de vida cristiana”, no un “más o menos de entrega”. Sabemos que es difícil, pero como Pedro podemos decir también “¿Adónde vamos a ir Señor? Tú tienes palabras de vida eterna”

 

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