La alegría auténtica

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

Juan 16,20-23a

El mundo estará alegre… ¿de qué está alegre el mundo? ¿De qué se ríe? Estamos llenos de superficialidad, tanta, que las palabras deber, esfuerzo, compromiso, nos parecen lejanas, incomprensibles; antónimos de alegría, entusiasmo o libertad.

En el parto la mujer siente dolor, a nadie le gusta sentir dolor, pero al ver a su hijo la alegría la inunda. El estudiante elige quedarse a estudiar y no salir el fin de semana, ¿a quién no le gusta disfrutar de un buen fin de semana?, pero cuando el fruto de ese esfuerzo se ve reflejado en un buen resultado académico, qué orgullo, qué alegría. 

Hoy Jesús nos habla de la Verdadera Alegría, de esa que viene del compromiso, de la perseverancia, de la Fe. Del convencimiento de que vamos por el buen camino, el que nos lleva a la dignidad y la felicidad. Esa alegría que no depende de factores externos sino del corazón de quien se deja iluminar por la presencia de Jesús. Él nos ayuda a conseguir la auténtica alegría, que no viene de fuera sino de dentro de nosotros mismos. 

Agradezcamos al Señor su presencia en nuestras vidas y, dejándolo actuar en nuestros corazones, podamos ser reflejo de la alegría de Dios.

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