A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.» Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado.» Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Mateo 9,18-26

¡Qué ejemplos de Fe! Tengo que reconocer que no sé si mi Fe es tan fuerte como la de la mujer que con tocar el manto de Jesús creía que se curaría, o la del hombre que confía en que le devuelva a su hija con sólo tocarle la cabeza. ¿Me puede este mundo descreído? Un mundo en el que no te puedes fiar de las noticias que lees, en el que la verdad parece relativa. Un mundo con pocas certezas… pero con mucha incertidumbre. 

Sin embargo, cuando me lo pregunto lo sé, sé en quien creo, sé dónde está mi corazón ¿Y tú? 

¡Qué regalo sentir esa fuerza que nos mueve la vida entera, que muchas veces basta para levantarnos cada mañana! ¡Gracias! Esto sí que es un regalo. Os dejo una pregunta hoy: ¿Cómo cuidas tú tu fe? ¿Haces algo para mantenerla? 

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