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La Felicidad De Dios - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, Jesús exclamó: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar"

Mateo 11, 25-27

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 “Hay algo en la humildad que exalta extrañamente el corazón” (San Agustín) y, con los pobres y sencillos, pintan de colores la casa de Dios.

La sabiduría escondida en lo de “al revés de la historia”, en lo descartado de la sociedad, conecta paradójicamente con la esencia del Evangelio, y hace exclamar con profundo gozo a Jesús: ¡Gracias, Padre! porque te has escondido a los sabios de este mundo. ¡Gracias, Padre! por mostrarnos  dónde quieres habitar y dónde te podemos encontrar. Sí, así te ha parecido mejor, añade Jesús desbordante de alegría.

¿Cómo acceder a esa casa con colores de felicidad? Jesús mismo nos lo dice: conocerlo a Él (el Padre), es conocerme a Mí, conocerme a Mi es conocerte a ti… El conocimiento de sí, sin el cual no habrá conocimiento de Dios, es la llave maestra que abre la puerta de la humildad. Después de entrar no hay que olvidar colorear la vida con una atenta y perseverante escucha de esa voz interior que habla en el silencio y en la quietud …y va transformando y asombrando…

Toca la puerta. Con la humildad, viene la sabiduría (cf. Prov. 11,2).

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