A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor." Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Lucas 4,14-22a

“Con la fuerza del Espíritu”

¿Para volver a casa se necesita la fuerza del Espíritu? Es la fuerza del Espíritu la que lleva a Nazaret, y Jesús se deja conducir. Me gusta contemplar cómo Jesús se deja mover por esa Fuerza, por decisión propia. Se necesita ejercicio de discernimiento para saber a dónde quiere mover; no es un huracán que me arrastra sin que yo tenga nada que hacer, no es una fuerza mágica, sino la del Espíritu.

Se ha pasado un tiempo en retiro, allí ha podido discernir, ha calibrado distintas posibilidades, las ha orado, las ha confrontado con la Palabra… sale del retiro con unos propósitos, los que le inspiraron el Espíritu, y ahora se deja guiar por su fuerza.

No me resulta fácil conocer esas recomendaciones del Espíritu. Me resultan más claras cuando ha pasado tiempo, pero no en el momento; entonces tengo una mescolanza de cosas y no es fácil aventar la paja y quedarse con el trigo. Tampoco siempre ayudan los acompañantes espirituales. Pero Jesús acierta. Quisiera tener su tino. Me gustaría reconocer la guía del Espíritu para seguir sus impulsos.

“El Espíritu del Señor está sobre mí”, reconoce Jesús; esa escritura se cumple en Él. “El Espíritu me ha enviado…”. Tiene conciencia de la misión que le ha dado. Me gusta contemplar esa claridad que tiene Jesús, esa seguridad en la encomienda del Espíritu. No lo ha tenido tan claro semanas antes, tuvo que hacer ese retiro, tuvo que ejercitarse, tuvo que pelear con las diferentes mociones que tenía… No todas las fuerzas eran santas; otras fuerzas querían también moverlo.

Y no siempre va a tener esta claridad. Tendrá que volver a ese discernimiento, a veces duro.

Creer que Jesús tuvo las cosas fáciles es excusarnos de no trabajar como él para tener la suficiente claridad. El evangelio no es una película de Disney ni Jesús, Peter Pan.

Tengo que aprender de Jesús, porque quiero que me dirija la misma fuerza que a Él.

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