La hora de la verdad: Misión Cumplida

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En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Juan 17,1-11a

Cuando se tienen sueños y proyectos realizables, se buscan todos los medios para conseguirlos, es decir, hacerlos realidad, el deportista, el músico, el médico, la diseñadora, el misionero, la misionera…. Cada uno desde su propia opción piensa en sus capacidades personales, recursos con que cuenta, lugares dónde se desarrolla, el fin o el para qué de su proyecto. Busca estudiar, comprender, desarrollar habilidades, cualidades, aptitudes… y un día celebra gozoso con los suyos los logros alcanzados, llega al podio más altoJesús tomó conciencia de que el sueño de Dios en Él estaba realizado; y al contemplarlo le brota una profunda oración donde nos revela sus acciones, gestos, actitudes, sentimientos, todo lo que hizo para instaurar el Reino de Dios. Contemplémoslo releyendo muy despacio su oración…

Continuo en silencio reflexionando en mis logros alcanzados, me confronto con Jesús de cómo los he celebrado y elaboro mi propia oración.

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