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En aquel tiempo dijo el Señor: "¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos los perseguirán y matarán"; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Si, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, juristas, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros que no habéis entrado, y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!" Al salir de allí, los letrados y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

Lucas 11, 47-54

Dios nos sigue enviando profetas, personas sabias y santas. Y nos los envía para que crezcamos, en todo sentido. La sabiduría de los Santos supone la humildad, como la de Santa Teresa. Abrir la mente y el corazón a la revelación divina es la mayor sabiduría. El Padre se complace en los humildes. Los humildes se complacen en el Padre. El diálogo en la oración nos hace sabios.

La pasión que Santa Teresa tiene con su Señor le permite soñar y hacer cosas grandes. No le importan las críticas, los menosprecios, la debilidad de su cuerpo, los fracasos, las angustias, las preocupaciones… todo queda en manos del Señor. En la oración constante, larga, silenciosa, experimenta que este yugo es llevadero y la carga ligera. No le importa el sufrimiento; lo desea para poder mostrar más el amor al Esposo.

Las dificultades, como en una carrera de obstáculos, nos permiten saltar más alto y superarnos en cada momento. Los retos que el Señor pone en nuestras vidas son motivo de acción de gracias, pues el Padre nos revela que podemos crecer en generosidad, en amor, en ofrenda de nosotros mismos, es decir en santidad.

Repite, canta y haz tuyo lo que santa Teresa proclama:” Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta”.

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