La Señal de Dios

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En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.» Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»

Mateo 12,38-42

Necesitamos milagros, no podemos juzgar a los fariseos de hace dos mil años porque nosotros somos iguales, y no es malo, en un mundo de incertidumbres es normal buscar verdades y certezas absolutas que nos tranquilicen.

El hombre es un ser trascendente y necesita de la espiritualidad (léase como amor a Dios y amor de Dios) pero cuando nuestro amor falla, cuando se debilita nuestra relación de intimidad con Dios es cuando exigimos pruebas. No es Dios el que desaparece, somos nosotros los que nos alejamos y escondemos como Adán y Eva en el jardín del Edén detrás de unos árboles cuando oyen a Dios acercarse.

¿Cuál es entonces la señal que nos da Dios? La promesa de encontrarlo en la oración.

Si queremos un signo Él promete que, si nos encerramos en el vientre de la ballena, es decir si lo buscamos en la oración perseverante (tres días, tres noches o cuarenta…) Él siempre se va a dejar encontrar, pero para eso atrévete a bajar a tu abismo, déjate comer por el monstruo y en la oscuridad de las entrañas del cetáceo o sea dentro de tus inseguridades busca a Dios en la oración…y Él vendrá.

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