La voz de Dios

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En aquel tiempo, dijo Jesús "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante."

Juan 10,1-10

La comparación de Jesús nos recuerda a las familias que tenían cinco o seis ovejas. Cada familia llevaba a pastar sus ovejas, y en la noche, todos lo guardaban en un mismo redil. Este era de piedra con una entrada muy estrecha para poder contarlas a la entrada y salida. El redil no tenía puerta, sino que un guardia hacía de puerta y las cuidaba durante la noche.

Por la mañana cada propietario sacaba a sus ovejas. Lo hacía con un silbido que las ovejas conocían muy bien, cuando oían a su dueño las ovejas salían.

Jesús se identifica con este pastor dueño, que cuida a las ovejas como algo personal, conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre. Jesús se pone de puerta para que el que entre por ella no pase hambre ni sed. Las ovejas atienden a su voz porque son suyas y le siguen.

Hay tantas voces, tantos ruidos que nos tienen anestesiados, no podemos digerir lo que vivimos cada día, estamos todo el tiempo hablando, vivimos desde la superficie, moviéndonos sin parar hasta alcanzar el estrés, la frustración y la ansiedad.

Dios nos está llamando y tiene una oferta de liberación, pero sólo podremos escucharle en el silencio, cuando venzamos el miedo de encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Él desea empaparnos de su amor.

¿Estoy dispuesto a acallar mi mente para escuchar en el silencio la voz de Dios que me llama?

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