Los abuelos, tierra fértil para la Iglesia

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»

Mateo 13,18-23

Actualmente son los abuelos los principales transmisores de la fe. Ellos, a pesar de sus limitaciones, tienen el encargo de difundir el Evangelio, de ser testigos del Señor en las familias y en la sociedad.

Pedimos hoy la intercesión de los santos Ana y Joaquín, abuelos de Cristo, para que las nuevas generaciones sepamos librarnos de los pájaros que picotean la semilla del Reino; que sepamos librarnos de tener un corazón de piedra que no permite que el Evangelio eche raíces; que nos  libremos de las preocupaciones exasperantes, que son zarzas que nos quitan el sosiego y la paz. 

En mi vida, ¿cuáles son las piedras que no permiten que la semilla del Reino eche raíces? 

¿Cuáles son las zarzas que ahogan el entusiasmo por el Evangelio?

¿En qué facetas de mi vida siento que lo sembrado da frutos de Vida Eterna? ¿Puedo dar gracias por ello?

Santos padres de María, ayudadnos a ser tierra buena, donde la Palabra de vuestro Nieto pueda dar frutos de amor, de compasión, de perdón y de vida. Que sepamos adorarle en Espíritu y en Verdad.

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