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Los "Ayes" del Amor - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, ¡Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que, en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que, en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti".

Mateo 11, 20-24

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El reproche de Jesús, ante la incapacidad de muchos de “los suyos” para leer la realidad que está delante de los ojos y el rechazo de su mensaje, conmueve el alma del más fuerte. ¡Ay de ti! ¡Ay de ti! no es una amenaza, es el gemido de dolor de un corazón herido por la dureza de otro corazón: el del hombre. Un corazón tardo en aprender.

Jesús y el Padre viven en permanente comunicación de amor. El ¡Ay! dirigido a los hombres, como deseo profundo de su conversión, es a su vez, expresión de la oración de lamento o queja de su corazón oprimido al Padre, como lo hicieron otros: “Por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora, nos dice Ana (1 Sam 1, 15-16) que oraba en el Templo, desgranando su pena en palabras. 

El hombre, creado en la libertad, es dueño de sus opciones. Pero Dios llama e invita siempre a la conversión y envía a su Hijo para hacernos más fácil el camino. Él nos enseña a entregar confiadamente la frustración, el desencanto, el dolor a Quien lo puede transformar en algo nuevo. 

Da paso al lamento confiado de corazón a Corazón.  Se obrará un milagro de amor.

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