Los tesoros ya no son como nos los contaron

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El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra

Mt 13, 44-46.

Mira todo lo que tienes, todo lo que has conseguido… 

¿Se te ocurre algo por lo que poderlo cambiar? 

¿Te ves con libertad como para poder cambiarlo, caso de que hubiera algo que lo mereciera, aunque no pudiera ser revendido con plusvalías en el futuro?

De algún modo, ¿sientes la necesidad de que algo así exista, que mereciera tanto la pena, y que, además, fuera fuente inagotable de gozo y de (otro tipo de) fortuna?

Si las respuestas son afirmativas, te sugiero que no pierdas la esperanza —pues ¡¡¡Cristo ha resucitado!!!—, te animo a que te atrevas a pedirlo y que, a la vez, te vayas fijando en la cantidad de testigos que ‘nadie’ ve pero que viven ‘diferente’ después de habérseles dado este descubrimiento…

 

… ¡porque —¡a Dios gracias!— los Tesoros ya no son como nos los contaron!

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