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Más allá del cumplimiento - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena al fuego del quemadero. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el fuego. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al fuego.” Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Mt 5,17-37

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Después de las Bienaventuranzas, Mateo nos presenta a un Jesús que “suena” bastante enfadado. Parece que estuviera harto de “los escribas y fariseos” y que ya no pudiera contenerse más.

Pero, ojo, que este enfado de Jesús también tiene que ver con nosotros. Y es que todos podemos caer en la tentación de reducir la religión a cumplir una serie de mandamientos y preceptos como no matar, no cometer adulterio, no jurar en falso… Y el peligro es que la ley mata al espíritu; algo que Jesús no soporta. Él, frente al mero cumplimiento, quiere cortar la raíz del pecado: ¿no quieres matar? Pues ten una actitud pacífica: corta de raíz la cólera, el orgullo, la envidia… ¿El divorcio es pecado? ¡Qué sé yo! Lo seguro es que la mujer merece el mismo respeto que el varón (cosa que en tiempos de Jesús no pasaba) y que es deshonroso convertir a alguien en objeto sexual. ¿No quieres jurar en falso? Muy sencillo: gánate la confianza de los demás para que no tengas que jurar.

¿Quieres seguir el estilo de vida de Jesús? Pues, al final del día, pregúntate: ¿he amado a los demás? ¿Cuál ha sido la raíz de mis actos? 

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