A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenía ganas de ver a Jesús.

Lucas 9,7-9

¿Qué cosas he escuchado sobre Jesús? ¿Qué imagen tengo de él? Herodes, en el siglo I, como nosotros en la actualidad, debemos discernir cuál es la mejor de las distintas versiones que circulan sobre Jesús. En tiempos de Herodes había una serie de versiones mitológicas e incluso, hoy en día, todavía algunos sostienen la fábula de que Jesús realmente no murió y tuvo una hija con María Magdalena, cosa que la Iglesia ha ocultado durante veinte siglos… Pero Herodes, a mi entender, representa a los empiristas que se niegan a aceptar todo aquello que no pueda ser corroborado por los sentidos: el hecho incuestionable es que él lo mato y punto. ¿Pero por qué tanto jaleo?

Lo único positivo de Herodes es que le picó la curiosidad, algo que nosotros, los cristianos, deberíamos cultivar. ¿Quién es Jesús? ¿Cuál fue su mensaje? ¿Qué imagen de Dios nos ofreció? ¿Por qué las autoridades religiosas lo consideraban un peligro? ¿Cómo es que su fuerza sigue actuando e impulsando a millones de personas a realizar el bien?

No perdamos nunca las “ganas de ver a Jesús”, de conocerle más y mejor.

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