A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Lucas 17,5-10

¡Cuántas veces anhelamos ser reconocidos por nuestra valía y que nos regalen el oído diciéndonos lo buenos que somos o lo bien que hacemos las cosas…!Y es cierto que hay un parte de ese reconocimiento que es sana, -y necesaria- pues nos ayuda sabernos y sentirnos queridos y valorados por quienes tenemos más cerca, pero en su justa medida

Porque en el fondo, todo cuánto somos y tenemos nos ha sido dado, es puro don… Depende de nosotros confiar en nuestras capacidades, pero sobre todo, ponerlas al servicio de los demás; contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a poner nuestro granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor… empezando por quienes tenemos más cerca, haciéndoles la vida más fácil con pequeños gestos en el día a día. A eso estamos llamados, ni más ni menos. 

Hoy puede ser un buen día para acoger esta invitación e iniciar el camino de esa “servidumbre inútil”…

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