No estamos llamados a morir para siempre

LOGO-LECTURAS
Muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día” Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Jn 11, 19-27

Si únicamente intuyéramos que creyendo en el enviado del Padre todo cambiaría en nosotros, ya sería un cambio personal importante en lo espiritual; una puerta abierta por donde podría pasar lo que nos sobrepasa.

Creer que Jesús de Nazaret es el Cristo cambia tanto la vida como dar el salto de la ‘condenación’ a la salvación. Más que poder entender —justo en el momento de la muerte de un hermano— el poder y la voluntad de Dios en el mundo y en nuestra realidad…

No… ¡No estamos llamados a morir para siempre!

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter