Para hablar de mi Padre no necesito guión

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En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Juan 5,31-47

Durante años, he tenido la oportunidad de presentar el carisma del seglar claretiano en muchos lugares del mundo. Aunque siempre me pillaba el toro y las solía terminar en los aeropuertos, llevaba siempre unas estupendas presentaciones en mi portátil o en el pendrive que soltaba indiscriminadamente al grupo a quien debiera dirigirme, fueran quienes fuesen.

Recuerdo una visita a Córdoba (Argentina). Tenía que dirigirme a un grupo de universitarios. Un misionero claretiano me recomendó que me olvidara de la presentación e hiciera dos cosas: darles primero posibilidad a aquellos jóvenes de decirme qué querían de mí, y segundo, dar respuesta a sus inquietudes desde mi experiencia personal del carisma. Le hice caso. Le hable de mi Padre, desde mi experiencia de su Amor.

No sé cómo quedaron ellos. Me quedaba aún visitar otros lugares acompañado de otros seglares y aquel misionero. Pero yo salí muy feliz de aquella reunión. Y es que cuando uno habla de su Padre… no le hace falta guión 😉

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