A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. El les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Juan 10,31-42

Hoy se les fue de las manos… ¡y nunca mejor dicho! A los judíos esta vez se les escapó Jesús, pero la escena de violencia que nos presenta Juan es de terrible. 

Acuérdate de los días anteriores. Fíjate cómo el clima se va caldeando. Todo nos va anunciando lo que ocurrirá en unos días. La muerte acecha. La amenaza es palpable. El odio es creciente. 

Pero Jesús (el sostenido, el verdaderamente libre, el irritante) hoy es el desarmado. Sus palabras no han podido calmar la ira de los judíos, pero su respuesta ha conmovido a muchos: «muchos creyeron en él». 

Jesús vuelve al otro lado del Jordán, donde todo empezó. Quizá cansado y abatido, decide volver al punto de partida, a la raíz de la siembra de estos años. O como canta Chavela (entre otras), volver “a los viejos sitios donde amó la vida”. Quizá para volver al amor desnudo, al amor simple, donde empezó todo. 

Con Jesús, sin armas, vuelve a ese rincón donde amaste la vida. Y allí, aprendiendo su amor simple, encaremos de nuevo la vida. La misma que se nos amenaza, pero que no se nos quita. 

 

Canción: «Las simples cosas», Chavela Vargas: https://youtu.be/kSRex8sj_u4 

 

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