¿Qué buscas?

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Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Juan 6,22-29

“Me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse”. Nada más actual que lo que vivimos hoy. Si lo que busco, lo que persigo, lo que deseo, no me resitúa en nada; siento que de nada me sirve; siempre estamos queriendo sacar una ventaja. También esto nos pasa en nuestra relación con Dios. 

Muchas veces estamos en la búsqueda del Dios de los signos, pero no del Dios que da significado a mi vida. Nos cuesta ver que él camina a mi lado porque pareciera que hacemos de esta relación una compra -venta, voy en busca de lo que Dios me pueda dar, pero estoy ciego ante los signos que él me va presentando. 

¿Cuáles son mis búsquedas hoy? ¿Qué espero de este Dios de la Vida? ¿Cumplo para que me dé o vivo en la clave del amor porque sé que buscando el Reino lo demás vendrá por añadidura? 

Ojalá podamos hoy hacer el ejercicio de estar atento a aquello que Dios me va presentando, me está queriendo significar, quizás sea en un simple gesto, una sonrisa, una palabra, un silencio.

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