A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

¿Quién es el profeta que el Señor ha puesto en tu vida?

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En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.» Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término." Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor."»

Lucas 13, 31-35

Una experiencia, que seguramente muchos tenemos, es que cuando alguien nos ha hecho ver nuestro error y nuestro pecado, no nos ha gustado. En vez de aceptar el error, buscamos mil excusas y hasta tratamos de echarle la culpa a otros.

Jesús se lamenta de Jerusalén, la ciudad principal del pueblo elegido. El Señor ha enviado a sus mensajeros para que se convierta, pero los ha matado. Un Dios que quiere liberar y acoger a sus hijos, y es rechazado porque está encerrado en sí mismo.

Que diferente hubiera sido la historia del Pueblo de Israel si hubiese abierto su corazón; que distinta sería nuestra vida si de frente a nuestros errores fuéramos capaces de aceptarlos y buscar el cambio, sin excusas.

Os invito a que pensemos en esos profetas que el Señor nos ha enviado y no hemos escuchado. Agradezcamos al Dios por las personas que buscan nuestro bien. Pidámosle al Señor que nos abra el corazón para poder reconocer con humildad nuestros pecados, y busquemos, con la ayuda del Señor, la conversión.

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