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QUIEN ESCUCHA, SE CONVIERTE - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Lucas 11, 29-32

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Jesús… eras tan común, que no se apercibieron que eras “más que”. Más que aquel gran profeta, más que aquel gran rey. Más que nuestros referentes o ídolos de hoy… 

Pasas a nuestro lado, nos visitas de día y de noche, tu Palabra se proclama… pero no te reconocemos. Ciegos y sordos, duros de corazón y de mollera. Así perdemos tu rastro, tus consignas. Y nuestras costumbres y usos no cambian. Pertrechados en el “siempre se ha hecho así”, no evolucionamos. La mundanidad espiritual nos corroe y nos paraliza. Muertos por falta de aire nuevo

Y tienen que levantarse los humildes, los que escuchan, para alertarnos: «convertíos, convertíos». Inútilmente, esperamos grandilocuencias. Inútilmente. Pues tú vienes revestido de sabiduría. Aquella que destilan los abuelos. Aquella que viene de la experiencia. Aquella que es nuestra vida si nos dejamos interpelar por ella. La felicidad reside en algo activamente pasivo: escucharte, Señor. 

Conviértenos a ti. Haznos oyentes, discípulos.

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