Hace un par de años me operaron una pierna. Una intervención aparatosa, porque me cortaron la tibia completamente para ponérmela derecha. Recuerdo que el primer día en que me puse en pie. Temía apoyar el pie por miedo a que la pierna se rompiese por cualquier parte. Tuve que confiar en los médicos… y posar el pie… y dar un paso, y otro…
La cirugía ha adelantado una barbaridad. Desde que me operaron hasta que di el primer paso con mucho miedo apenas pasaron 3 o 4 días. Aquel hombre del evangelio llevaba 34 años enfermo. Toda la vida, vaya.
Intento ponerme en su pellejo. Por mucha autoridad que demostrase Jesús, aquel hombre no recordaría ni qué órdenes debía mandar a sus músculos para levantarse… pero echó a andar.
Jesús es capaz de rescatar al más perdido, a aquel que todos han dejado ya de lado por imposible. Cualquier persona, por muy hundida en el pecado que esté, puede ser rehabilitada. “Incluso” en sábado…
Un mensaje tan esperanzador que da casi vértigo. Me lo dice a mí y a tí: mira, has quedado sano.
¿No lo notas ya?