A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

LOGO-LECTURAS
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Marcos 16,9-15

En el texto de hoy se subraya la experiencia de la duda que paraliza a los seguidores de Jesús después de su resurrección, manteniéndolos «de luto y de lágrimas». Los discípulos, «no querían creer» que su Maestro, crucificado muerto y enterrado, ahora vive y María de Magdala es testigo de esta experiencia.

Su incredulidad y dureza de corazón hace eco del reproche de Jesús. Sin embargo, no nos sorprendamos: después de dos mil años, la reacción a este anuncio es la misma. La incredulidad sigue siendo una trampa, un desafío y una lucha para el cristiano. Y así debe ser, porque la combinación problemática de fe y duda es la prueba de que para nosotros la resurrección de Jesús no es un dato teórico, adquirido en abstracto de una vez por todas, sino una experiencia viviente que nos sorprende constantemente. De hecho, en este terreno pedregoso, el Resucitado interactúa con nuestra libertad. Y lo hace proponiendo una misión: «Id al mundo entero y predicad el evangelio». Como si dijera: vuestra fe madura y se fortalece donándola.

«Se necesita el alma de un niño», dice el filósofo francés Jean Guitton, «para que la incredulidad no reprima el corazón y la fe se exprese en la franqueza del anuncio». Necesitamos apertura, intuición, inteligencia, virtud, confianza, amor y mucha voluntad, trabajo y perseverancia.

Que pueda ser esta nuestra oración: Señor Jesús, el asombro sostiene nuestra mirada sin miedo hacia tu tumba vacía. Que podamos creer y vivir nuestra fe con el alma de un niño. Que nos expongamos con confianza a la acción vivificante del Espíritu que fecunda nuestros días al permitirnos proclamar el Evangelio, celebrar el misterio y dar testimonio de la caridad.

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter