Sí, estoy conectado

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Juan 15,1-8

Hoy en día nos conectamos fácilmente gracias a los medios de comunicación, entre ellos las redes sociales. Imaginemos ¿cómo nos afecta estar un día sin internet? Si tanta importancia tiene la conexión externa, ¡cuánto más la interior con nuestro Señor! De Él no sacamos solo información sino la verdad, en Él encontramos el GPS, el camino que lleva a la vida. Con la metáfora sencilla de la unión entre la vid y sus sarmientos, Jesús nos revela una verdad innegable en el Evangelio de hoy: Solo estando conectados con Él podemos dar frutos que glorifiquen al Padre. Esta conexión no es privada, está extendida a los demás hasta el punto que cada uno pueda decir: Sí, estoy conectado con Jesús y con mi familia.

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