¡Si quieres…!

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“Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»3Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”.

Mt 8,1-4

Jesús en el Sermón de la montaña ha proclamado la Ley nueva del Reino. A partir de este texto Mateo nos muestra como Jesús practica lo que acaba de promulgar. Nos muestra su coherencia.

Jesús sana a un leproso a petición propia: “¡Señor si quieres puedes limpiarme!”. Según la ley judía era un excluido, un marginado, debía habitar en despoblado. Quien le tocaba quedaba impuro y debía purificarse.

El leproso tiene valor, se acerca a Jesús y por tanto transgrede la ley de permanecer alejado. Aunque no permite que Jesús le toque, dice a Jesús: simplemente con que quieras, quedo limpio. El leproso sufre dos terribles marginaciones la de la enfermedad y la de la soledad. Uno de los 365 preceptos preceptos de la ley judía era que, aquel que contrajera la lepra debía estar sólo y fuera de la muralla de la ciudad. ¡Encima de lo que tenía encima…

Jesús profundamente compadecido del leproso, lo toca y dice “Quiero, queda limpio” con lo que ya puede reintegrarse en su pueblo. Jesús se salta una ley que no tiene nada que ver con la ley del Reino, y nos transparenta con su acción un nuevo rostro de Dios: Misericordioso y compasivo.

¿Cómo es mi imagen de Dios? ¿Qué tendría que hacer para acercarme lo más posible a la imagen de Dios que Jesús nos transmite?

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