A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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“Al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida. Mas Jesús les dijo: No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer. Le dicen ellos: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. Él dijo: Traédmelos acá. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”.

Mt 14,13-21

Después del cruel asesinato de su primo, Juan Bautista, Jesús toma una barca y se retira a un lugar solitario. Sin duda alguna su fina sensibilidad le lleva a compartir su honda pena con el Padre, de donde saldrá fortalecido… 

Pero le duró poco la tranquilidad. En enseguida, al ver la muchedumbre que lo había seguido, se olvida de sí, siente compasión y cura a los enfermos.

El verbo griego que se refiere a la compasión es muy expresivo: a Jesús “se le hace pedazos el corazón”; y corresponde al verbo hebreo que expresa el amor visceral de la madre.

Esta compasión se hace efectiva en el don del pan. Jesús no despide a la muchedumbre hambrienta, sino que desafía a sus discípulos para que les den ellos de comer… Y ellos responden que sólo tienen cinco panes y dos peces… 

Ante los límites humanos, Jesús interviene saciando a todos los que le siguen. Dar de comer es aquí la respuesta de Jesús, de su corazón que se hace pedazos ante una necesidad humana muy concreta. El don del pan no sólo es suficiente para saciar a la multitud, sino que es tan abundante que hay que recoger las sobras. 

¿Y a nosotros? ¿Se nos parte el corazón ante tanta situación y necesidad de nuestro mundo? Hoy es un buen día para olvidarnos de nuestras pequeñeces y compartir lo que somos y tenemos con nuestros hermanos y hermanas… Cuando se comparte, todo se multiplica… 

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