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Te llamé y te elegí - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Mateo 9,9-13

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“Le miró con misericordia y le eligió”. Este es el lema episcopal del papa Francisco. Hace referencia al evangelio de hoy: la vocación de Mateo, el publicano.

También yo sigo sentado en mi “mostrador de impuestos”: mis seguridades, mis autoreferencias, mis miedos, mis costumbres quizá tan poco cristianas… Allí sigo sentado, esperando que pase el Señor y me llame. Porque sólo si Él me llama podré levantarme de mis pequeñeces

Pero ahí viene el problema: ¿Le sabré reconocer cuando pase?

¿Dónde encuentro al Señor? ¿Le veo en cada persona y en cada momento? ¿Soy capaz de descubrir su presencia escondida en mi vida de cada día?

¿De qué “mostradores de impuestos” tengo que levantarme yo? 

Señor Jesús, llámame por mi nombre. Llámame a seguirte por los caminos de tu amor. Concédeme el don de vivir de tu misericordia. Porque Tú no revocas tus llamadas, ni te cansas de perdonar nuestros errores.

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