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En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: «En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Lucas 21,1-4

No hay duda que si a ti te sobra es porque a otro le está faltando, hay algo de eso que no te pertenece. No sería el caso de la viuda del evangelio de hoy que dio todo lo que tenía para vivir, dio de lo que le costaba. Esa es la verdadera caridad (charitas), el verdadero amor. No va en el cuánto das, sino en el cuánto te cuesta ese dar. ¿La medida? Dar hasta que duela diría la Madre Teresa de Calcuta. 

¿Mi dar es sólo para calmar la conciencia y “cumplir”, o mi dar me compromete con la carencia de mi hermano? La caridad de esta viuda pasa por el tocar la realidad del otro. Dar desde su necesidad, ella dio todo lo que tenía y puso su confianza en Dios, él se encargará de lo que ahora le falta. Jesús vio el corazón y la profundidad de este gesto, ese es el verdadero tesoro.

 ¿Qué tan profundos son nuestros gestos? ¿Cuánta confianza ponemos en Dios en nuestro desprendimiento?

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