A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero en la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”

Marcos, ya en el inicio, anuncia la Buena Noticia salvadora de Jesús, el HIJO. Esta Buena Noticia y quién es Jesús, nos lo irá desvelando como centro de todo su Evangelio.

Isaías, en texto, que cita Marcos, (cap. 40) habla, en nombre de Dios, al corazón de Jerusalén: un mensaje de esperanza y de consuelo: “el Señor Dios llega como un pastor que apacienta al rebaño”. Pero, a ese Dios que viene a nuestro encuentro, hay que prepararle el camino… “que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele” para qué, con su llegada. pueda revelarnos su amor.   

Juan, lo mismo que entonces, junto al Jordán, nos predica hoy la conversión, el cambio del corazón, el darnos “la vuelta hacia el Señor”. Tenemos urgentes caminos que preparar al Señor: Caminos en nuestro interior… allanar, nivelar, limpiar, eliminar de mi corazón, de mi vida para que, el Señor pueda venir, a mi encuentro, como noticia que me salva y libera. Y caminos en nuestro mundo: nivelar las desigualdades, romper las barreras, abrir relaciones, entablar diálogos, acoger diferencias, perdonar y olvidar heridas, para, hacer posible el Reino de Dios, que quiere llegar a nosotros.

Jesús ME invita a colaborar con Él en la TAREA de construir el Reino y para que pueda realizarla me bautiza con su Espíritu de filiación, de energía, fuerza, compasión, y de compromiso que, me sostenga en el esforzado trabajo de dejarme hacer hijo, y de construir fraternidad.

En este “inédito” adviento del 2020, ¿se renueva en mí el compromiso a ser buena noticia del padre, como Jesús?

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