A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, Jesús exclamó: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Mateo 11, 28-30

¿Adónde? ¿A quién? A Mí, dice Jesús, a los cansados, descreídos, marginados, indiferentes… a ti y a mí cuando se nos oscurece la fe y el Señor del camino se esconde.

¡Cuántas palabras de Jesús entran en contradicción con nuestro entendimiento ante la desproporción entre la realidad y su propuesta a contracorriente! ¡Cuántas veces oímos que el Evangelio es contracultural! 

Sí, Señor, pero necesitamos un poco de tu luz, para sostenernos entre las tinieblas de nuestra razón.   

¿Dónde hallar el descanso y el alivio de Dios? ¿Hay que llegar a algún lado? ¿Se trata de detenerse?

Tal vez nos ayude el serenar la mente. Los humanos tenemos el enemigo en casa: nuestros pensamientos. Revolotean en nuestra mente, confunden el corazón (los afectos), quitan lucidez al discernimiento, desasosiegan el alma. 

Prestemos atención a este ladrón del espíritu para que podamos escuchar con sentido espiritual a Dios que dice: Sé manso para escuchar la Palabra, a fin de que entiendas… ¿qué? abandona el desasosiego…descansa y verás que Yo soy el Señor.

¿Qué nombre/s tiene mi desasosiego? Porque… el humilde anda en la verdad.

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