Verdadera Bebida

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En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Disputaban los judíos entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre."

Juan 6,51-58

El pan del cielo ha eclipsado la verdadera bebida. Pero hoy, al leer el Evangelio, me ha venido la imagen de una conocida bebida que asegura dar chispa a la vida. Otras prometen darte alas. Hoy hay pasión por el agua embotellada, que aparece como fuente de salud. Y es doloroso contemplar la despersonalización de quienes han encontrado el alivio en otra bebida de la que ya no es capaz de prescindir.

No sólo esta última, todas esas son falsas, son farsas. Solo Tú eres el elixir de la vida. Sólo Tú eres la verdadera bebida. Beberte es vivir, vivirte es vivir, Tú en mí, yo en Ti. Beber tu vida es beber la Vida. Por mis venas, tu Sangre; en mi sangre, tu Vida; en mi vida, tu Vida; en mi vivir, tu Vivir. Mis labios, húmedos de Vida; mi paladar, saboreando la Vida.

Beberte. Tú eres mi bebida, Tú eres mi Vida. «Vivo yo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí»

Hoy Te bebo, hoy Te vivo.

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