A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará

Juan 12:24-26

Vivir es sembrar. Ir poniendo vida en el surco de la historia. Desviviéndose.

Y es claro que hay estilos y estilos.

Hay estilos que buscan básicamente el beneficio personal: un sembrar con sello de inversión rentable. Hay estilos comedidos, parcos, muy cautos… sin pasión, de mínimos …

Acercarse al Evangelio y a la encendida palabra del Nazareno es ponerse en peligro de ser cuestionado en el personal estilo de vivir. No le valen cálculos, ni caben medidas, ni se permiten intereses… nada de ‘por tiempos’, nada de ‘a plazos’, nada de ‘en porciones’…

Vivir es sembrarse. Del todo. Totalmente. Dando la vida al darse, sirviendo. Así se es fecundo a lo divino, solo así es desbordante la cosecha evangélica. 

Así lo encarnan los amigos del Maestro. Todos los mártires y todos los diáconos que han sido, son y serán… (Como San Lorenzo, cuya fiesta celebramos).

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