A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo.»

Mateo 10,7-15

No es la primera vez que rezo con este evangelio, pero no recuerdo otra, en la que la frase que más me haya tocado sea “sacudid el polvo de los pies”. 

No dejo de asombrarme de lo actual que es Jesús. Y es que qué mejor que cuando habiendo hecho el trabajo bien, si alguien no quiere escuchar o no quiere recibirlo, una vez fuera (al salir de su casa o del pueblo), nos sacudamos el polvo de los pies. Esta vez sin montar un escándalo en el templo, sino dando libertad. 

Porque hay cosas a las que cada uno tiene que decir que sí, libremente. Y si habiendo expuesto los argumentos o mostrando las evidencias, la respuesta que recibimos sigue siendo no… ¿Qué mejor que “limpiarse” “recomponerse” y seguir el camino tranquilamente? 

A veces no queda más que encajar los “noes” y seguir con nuestra vida. ¡Qué fácil decirlo! Otra cosa ya… es hacerlo… 

¡Acompasados ánimos en la tarea!

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