“EL AMOR Y EL SEVICIO COMO METAS…” Mª Jesús

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Me resulta difícil expresar cómo vivo mi vocación. Soy seglar claretiana y no vivo pensando qué he de hacer para serlo, sólo lo soy e intento descubrir qué hace Dios en mi para que lo sea. Porque la vocación es SU don y regalo. Y es Él el que hace posible que yo la viva en el día a día. “Nosotros hemos recibido, como don del Espíritu, la vocación seglar, que nos capacita y destina a cooperar en la edificación de la Iglesia y la extensión del Reino de Dios gestionando los asuntos temporales” (Ideario 6). Mi vida sólo tiene sentido si soy consciente de que es Él quien la toma en sus manos, dejándome llenar y llevar por Él.

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181416_362849713779482_400001925_nMi cotidianidad a menudo es muy simple. Soy médico, trabajando en tareas de gestión y dirección sanitaria en una empresa. Por mi forma de vida y trabajo, hay muchos días que solamente me relaciono con las personas de mi entorno profesional. Otras jornadas están más llenas de labor pastoral o de relación con familia y amigos. Pero siempre, sea quien sea quien esté a mi lado, la frase del ideario que más me resuena para poner en práctica es: “desempeñar mi labor con la máxima competencia posible” (id 11). Lo que toque en cada momento: aceptar una decisión no compartida, hacer bien ese trabajo que no me gusta, dar un consejo lo mejor que pueda, atender al que llega con la mayor eficacia, cruzar la mejor sonrisa, intentar estar pendiente del que más lo necesita… en cualquiera de las facetas de mi vida estar disponible e intentar hacerlo lo mejor que sé, dando lo mejor de mí.

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Cada día pido a Dios Amar más, Servir más y tener más Fe en Él. El amor y el servicio como metas. Quiero ser capaz de vivir con generosidad, sintiendo que Dios me ha regalado muchos a los que amar y servir: mis familias (de sangre y de amor), mi comunidad, mi movimiento, mis amigos y todos aquellos que se cruzan en mi camino en cualquier circunstancia, procurando tener siempre dispuesto el espíritu de colaboración. “No he venido a ser servido sino a servir”. En el doble sentido, tanto ponerme al servicio como ser útil. Servir a los hermanos y que mi vida sirva al hermano. Mi comunidad es lugar privilegiado de encuentro con Dios y mi escuela de vida, pues en ella aprendo a ver milagros, a celebrar, a compartir, a orar, a renunciar, a perdonar y aceptar, a caer y levantarme, a recomenzar, a Amar y ser amada.

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Y pido a Dios insistentemente la fe. “Creo Señor, pero aumenta mi fe”. La oración, nunca tan constante como me gustaría, y la eucaristía, especialmente cuando puedo entre semana, son pilares para mantener la paz. La Reconciliación es siempre el abrazo de Dios al volver a casa. Quiero vivir cada día procurando tener los ojos y el corazón abierto para ver todos los regalos que me hace y todas las veces que se cruza conmigo en cada persona y en cada acontecimiento. Intentando descubrir a Dios y su voluntad en todo lo que soy, tengo y siento. Son muchos los momentos que no entiendo y ante los que me rebelo y me desespero. Pero luego siento su “Paso” por mi vida, al mirar hacia atrás de vez en cuando para ver su “Historia de Salvación” conmigo en aquello que no entendí.

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