A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

El miedo, mi compañero de viaje, desde la verdad que me toca vivir.

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La vida está llena de momentos que te hacen reír o llorar, gozar o sufrir. En ocasiones, esas situaciones llegan a tu vida como los correos electrónicos, rápidamente y con un “archivo adjunto” que hay que leer e interpretar bien. Si te quedas en lo superficial no entiendes el mensaje. Pues de igual forma, va transcurriendo la vida y, cuando menos te lo esperas, te toca afrontar circunstancias inesperadas que te desestabilizan y te llenan de miedo. 

Todo el mundo experimenta el miedo en su vida. El primer impulso siempre es huir, esconderse, negar o disfrazar la realidad para no afrontar la verdad de lo que nos acontece. Con el tiempo, un@ aprende que es mejor aceptar esa emoción sin que perturbe tu propósito de vida.

Todo aporta, todo enseña. Cada experiencia también lleva un adjunto, un aprendizaje que puede incorporarse a la vida. Basta con enfocarse en lo positivo y afrontar el miedo desde la verdad de lo que me pasa, con honestidad y sin excusas, como una oportunidad que posibilita el crecimiento personal. 

Somos más que el ahora. Más que el presente. Más que las circunstancias que en el día de hoy estamos viviendo. Por eso, no debemos quedarnos en la superficie de lo que nos ocurre. Hay que “bucear hasta el fondo” y buscar a Dios en esa realidad. Hay que encontrar lo divino en cada acontecimiento de la vida, en cada emoción y sentimiento que el acontecimiento provoca, en la alegría y la tristeza, en el ánimo y el desánimo, en lo que me da confianza y en lo que me asusta. Y vivirlo con la esperanza y la fuerza que nuestra esencia “anclada en la naturaleza de Dios” nos da para poder seguir adelante.  Como ella. Como la Inmaculada.

¡Ánimo, sé valiente! No te asustes ni te acobardes, que contigo está el Señor, tu Dios, en todas tus empresas (Josué 1,9)

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