El «poder» del consumidor

Me contó un formador en una ocasión, que como parte de la actividad del curso, les proponía a los jóvenes que pasaran una hora en unos grandes almacenes, que salieran sin comprar nada y que reflexionaran sobre cómo se habían sentido. 

Cada último viernes del mes de noviembre, este año coincide con el día 29, se celebra el día de No comprar NADA. No es un día muy popular y resulta difícil competir con tantas ofertas, descuentos, gangas, oportunidades, outlet, rebajas, tres por dos o dos por uno… que te engatusan para que compres y consumas. 

Socialmente se pone en valor nuestra capacidad de consumir, lo que poseemos y podemos comprar. Frente al aclamado: tenemos derecho a comprar, ha quedado denostada la amada pobreza, que a lo largo de la historia han alabado tantos santos y santas de la Iglesia.

En la Laudato si, El Papa Francisco nos señala que La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio. Y nos recuerda que La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos.

Desde nuestro poder de consumidores podemos elegir sumarnos al «Black Friday» o al Buy Nothing Day. En cualquier caso consumamos con sobriedad, modifiquemos nuestra forma de comprar, eligiendo productos y servicios que favorezcan el cuidado del medio ambiente y la justicia social. 

Hagamos un consumo responsable, cuidemos de nuestra Casa Común.

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