El regalo de la amistad

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Aunque se haya convertido ya en un proverbio que conocen muchas personas, es en la Biblia donde encontramos uno de los elogios más bonitos a la amistad: “El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, su valor es incalculable” (Eclo 6,14-15). Y es que tener a alguien que te valora tal y como eres, que está para los buenos y los malos momentos y con quien puedes volcar el corazón, es un privilegio que no siempre valoramos como deberíamos. Se trata de un regalo que también nos exige un modo de relacionarnos marcado por la sinceridad, la búsqueda del bien del otro y la acogida incondicional. 

Eso de que “Jesús es nuestro amigo” lo hemos escuchado un montón de veces, y Él mismo no encontró un modo mejor para referirse al vínculo de cariño que le unía a sus discípulos y a todos aquellos que queremos seguir sus huellas y acogemos aquello que Él nos comunica: “A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,15). Con todo, me da a mí que a veces no nos animamos a hacer experiencia vital de esa amistad, que se queda en una idea demasiado teórica o en una comparación, pero sin que repercuta en nuestro día a día.

Podríamos proponernos un doble reto. Por una parte, valorar, agradecer y cuidar lo que a nuestros amigos que tanto nos aportan y, por otra parte, lanzarnos a la aventura de convertir la amistad con Jesús en algo más real ¿te animas a intentarlo?

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