A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

EL SANTO INVISIBLE

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Hay personas destinadas a ser faros, a iluminar a los trabajadores de la mar para encontrar el camino a casa. 

Hay personas que son llamadas a ser brújulas para caminantes, orientando su camino. 

Hay personas movidas a ser luz sobre las injusticias y desigualdades. 

Hay personas con vocación de líderes, son capaces de orientar a todo un pueblo hacia su destino. 

Estas personas las encontramos en la sociedad, en el trabajo… Suelen ser fácilmente identificables porque su carisma es “público”. 

En las comunidades eclesiales también es relativamente sencillo identificar estos carismas. Suelen prestar el servicio de responsables o coordinadores de toda la comunidad o bien prestar otro servicio “de responsabilidad”. 

Hay también personas destinadas a ser simplemente invisibles. Aparentemente grises, pasan por la vida “sin pena ni gloria”. En las comunidades eclesiales casi nunca ostentan cargos de responsabilidad. Pero tienen dones esenciales para la comunidad: el don de la escucha, del discernimiento, del abrazo de misericordia, de la fidelidad… 

Así me imagino a San José. El santo en la sombra. El santo invisible. El santo “gris”. El santo en el que nunca se fijó nadie. Sólo Dios. Y una joven de pueblo.  

Suficiente.  

San José, el que escuchó. El que se fió. El que fue fiel. 

Suficiente. 

Por él fue posible la Sagrada Familia. 

Por él fue posible la Pascua. 

Más que suficiente para ser un santo invisible… 

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